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Quién decide qué usaremos: el detrás de escena de las tendencias de moda

Las tendencias surgen de la combinación entre análisis especializado, pasarelas y el impacto de las redes sociales. Las marcas las adaptan, pero es la gente quien finalmente las convierte en moda

Quién decide qué usaremos: el detrás de escena de las tendencias de moda

Cada vez que una temporada cambia, pareciera que la moda se renueva por arte de magia. Colores que se repiten en todas las vidrieras, una silueta que aparece de pronto en redes, materiales que se vuelven protagonistas… Sin embargo, detrás de esa sincronía visual existe un engranaje internacional que observa, predice y moldea aquello que terminaremos usando.


El proceso empieza mucho antes de que los primeros bocetos lleguen a manos de un diseñador. En ciudades como París, Londres o Ámsterdam funcionan los llamados bureaus de tendencias, consultoras dedicadas a estudiar comportamientos sociales, movimientos culturales, tecnologías emergentes y cambios económicos. Su objetivo es prever qué buscará la gente en uno o dos años. Empresas como WGSN o Peclers Paris elaboran informes que son adquiridos por marcas de todo el mundo, desde casas de lujo hasta gigantes del fast fashion. Paralelamente, los coolhunters recorren la calle, festivales y redes sociales para captar señales tempranas: un color que se repite, un accesorio inesperado, una estética que se viraliza primero en nichos culturales antes de llegar a la mayoría.


Las pasarelas continúan siendo el escenario en el que estas ideas se cristalizan. En las semanas de la moda, los diseñadores presentan colecciones que no solo muestran prendas, sino también narrativas estéticas: paletas de color, proporciones corporales, texturas y conceptos que luego la industria interpretará a su manera. Aunque el consumidor final no vista exactamente lo que ve en París o Milán, gran parte de lo que llega a las tiendas nace allí, traducido y adaptado para diferentes presupuestos y públicos.


Pero en la última década, la lógica vertical—de la pasarela hacia la calle—se rompió. Internet y las redes sociales empujaron una circulación de tendencias mucho más horizontal. Un video viral en TikTok puede imponer una estética en semanas. Fenómenos como el “balletcore”, el “old money” o el “cottagecore” surgieron más de comunidades digitales que de diseñadores. Celebridades y estilistas siguen teniendo influencia, pero hoy cualquier usuario puede instalar una microtendencia si el algoritmo lo favorece.


Las marcas, por su parte, cumplen un rol decisivo en filtrar, traducir y validar lo que finalmente llegará a los percheros. Analizan reportes, datos de consumo y sensibilidad del mercado para decidir qué producir. Muchas ideas mueren en esta etapa: no todo lo que aparece en pasarela o en redes resulta viable comercialmente. El fast fashion aceleró este ciclo, transformando señales de tendencia en productos reales en cuestión de semanas.


Finalmente, el verdadero juez de cualquier tendencia es el consumidor. Una estética solo se convierte en fenómeno cuando la gente la adopta, la adapta y la incorpora a su vida cotidiana. Sin esa aceptación, ninguna predicción, desfile o viralización alcanza.


En definitiva, las tendencias no responden a una única voz. Son el resultado de una conversación global entre industria, cultura digital y sociedad. La moda propone, pero es la calle quien decide

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